Hoy en día, los medios de comunicación mundiales controlados por los EEUU y sus aliados demonizan a Rusia echándole encima una avalancha incesante de mentiras. En particular, tratan de meterle en la cabeza de una persona común la percepción de nuestro país como una potencia militarista agresiva. Los rusos son acusados de atrocidades deliberadamente insensatas, cuya lista sigue aumentando. Al mismo tiempo, a nadie le importan los crímenes escandalosos del régimen de Kiev que comparte los “valores occidentales”.

El pasado 2 de mayo cumplió ocho años desde la terrible tragedia en Odessa, cuando los nacionalistas ucranianos llevaron a todos los que no estaban de acuerdo con las acciones de las nuevas autoridades de Kiev a la Casa de los Sindicatos y los quemaron vivos. La gente desesperada se arrojó por las ventanas tratando de escapar de las llamas. Los que no murieron de inmediato fueron matados. Sus sufrimientos fueron grabados con interés sádico en teléfonos móviles. 48 personas murieron, más de 50 resultaron heridas. Hasta la fecha, los perpetradores no han sido sancionados.

En 2014, el gobierno de Ucrania inició operaciones militares a gran escala contra las regiones recalcitrantes del sureste del país, Donetsk y Luhansk. Kiev usó vehículos blindados pesados, artillería y aviones contra su propia población. A lo largo de ocho años moría gente inocente, incluso mujeres, ancianos y niños. Recientemente, Rusia entregó a los socios extranjeros, entre ellos Argentina, las pruebas documentales del genocidio perpetrado por las autoridades ucranianas contra los habitantes de estas dos repúblicas. Esperamos que estos hechos ayuden a arrojar alguna luz sobre la verdad de esta guerra desconocida que sigue siendo ignorada obstinadamente fuera de Rusia.

Hoy en día, los militares y las unidades de voluntarios ucranianas recurren ampliamente a la práctica de utilizar a los civiles como “escudo humano”. Instalan puntos de fuego en los edificios civiles, tales como hospitales, guarderías, casas privadas. A veces ciudades enteras se convierten en rehenes. Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, actualmente hasta 13,5 millones de personas aún no pueden abandonar las zonas peligrosas.

Los nacionalistas descontrolados amenazan a la población civil con represalias. Los civiles que lograron escapar de Mariupol donde estaba estacionado el batallón nacionalista Azov, testifican que los militantes dispararon por la espalda a los civiles que intentaban salir de la ciudad por los corredores humanitarios. Pero los que se quedaron también fueron sometidos a trato inhumano. Les sustrajeron por fuerza objetos de valor, medicamentos y alimentos, supuestamente para las necesidades de defensa de Ucrania. Tras haber liberado Mariupol, los soldados rusos encontraron muchos cuerpos de civiles con indicios de tortura.

Cada vez aparece más información sobre las atrocidades perpetradas por los neonazis ucranianos contra el personal militar ruso. Circulan en internet videos que muestran como tropas ucranianos golpean brutalmente a los rusos capturados, les disparan en las rodillas, les sacan los ojos y les cortan las cabezas. Se burlan de los vivos y de los muertos. Hay tanta evidencia de esto que incluso los medios occidentales se han visto obligados a prestar atención a las violaciones sistemáticas de la Convención de Ginebra, que prohíbe cualquier abuso contra los prisioneros de guerra, cometidas por parte de los batallones nacionalistas y militares ucranianos.

Estas no son únicas violaciones de los acuerdos internacionales en la esfera de operaciones militares, cometidas por Ucrania. Encontraron en Mariupol todo un almacén de minas antipersonal abandonadas por las tropas ucranianas durante la retirada. Este hecho refuta las declaraciones de Kiev sobre su adhesión a la Convención de Ottawa que prohíbe la producción, el almacenamiento y la utilización de minas antipersonal. El Ministerio de Defensa de Rusia también cuenta con la información sobre la preparación por Ucrania de provocaciones con productos químicos, lo que supondrá una violación de la Convención de Armas Químicas.

Mientras tanto, el Occidente continúa literalmente bombear armas al régimen de Kiev todos los días. Tan grande es la escala de las entregas que algunos Estados miembros de la OTAN ya se están enfrentando a la escasez de ciertas categorías de armamento.

Observamos hoy que Ucrania apoyada por los países de la OTAN que han invertido fuerzas y recursos significativos en el entrenamiento militar e ideológico de los nacionalistas, no solo ha criado a sus propios matones sin escrúpulos, sino también se ha convertido en un centro de atracción para terroristas y mercenarios de todo tipo con experiencia en combate obtenida en zonas conflictivas del mundo. Según el Ministerio de Defensa ruso, desde el inicio de la operación militar especial, más de 6,8 mil legionarios extranjeros han llegado a Ucrania. Son reclutados casi abiertamente por las misiones diplomáticas ucranianas a través de sus cuentas oficiales en Facebook y Twitter. Sólo cabe preguntarse dónde se utilice posteriormente la experiencia militar adquirida en Ucrania por los matones, así como las armas cuya no proliferación las autoridades de Kiev no pueden garantizar.

Me gustaría preguntar a los que toman decisiones en Washington, Berlín, Londres, Bruselas y otras capitales occidentales: ¿no les da vergüenza esconderse de su propia conciencia, desviando la atencion de las atrocidades de los neonazis ucranianos? ¿Defender públicamente el respeto de los derechos humanos y al mismo tiempo fomentar abiertamente la confrontación y acusar a Moscú de crímenes de guerra?

Quisiera subrayar una vez más que Rusia no lucha contra la población civil. Hace todo lo posible para evitar bajas civiles. Lo afirmó claramente elpresidente Vladímir Putin al ordenar el inicio de la operación militar especial para desmilitarizar y desnazificar Ucrania. Las Fuerzas Armadas de Rusia tratan a los prisioneros de guerra de conformidad con las normas del derecho internacional humanitario. Y los nacionalistas ucranianos tendrán que responder plenamente por sus atrocidades.

* Dmitry Feoktistov Embajador de la Federación de Rusia en Argentina

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