La pequeña localidad de Añelo era antes del boom de Vaca Muerta un pueblo donde el tiempo avanzaba lento y las principales producciones eran agrarias, cuando el nivel del río así lo permitía.

La revolución shale le cambió radicalmente la vida a cada uno de sus habitantes e hizo que multiplique reiteradas veces su población en un puñado de años, para pasar de 2000 a 8000 habitantes.

Pero la pandemia del COVID-19 volvió a cambiar la vida cotidiana de los añelenses. La localidad se blindó y aisló como una isla en la estepa petrolera, para evitar que los operarios ingresen a sus comercios. El miedo, a fin de cuentas vale más, y es que temen que algún trabajador de la industria pueda llevar la enfermedad a una ciudad que hasta hoy está libre de coronavirus.

El intendente Milton Morales extremó los recuados en la víspera de la primera flexibilización de la cuarentena, cuando se esperaba que en los yacimientos petroleros el nivel de actividad se duplicara.

El pueblo cabecera de Vaca Muerta no quiere petroleros, y pese a que las ventas se desplomaron en sus comercios, son los mismos comerciantes los que apoyan la medida que se mantiene aunque ha tenido algunas modificaciones.

By Joel Casteglione

Editor general de Noticias Expres. Master y Postgrado en Ciberseguridad.